En terreno: Fuente Romana (Apoquindo)

Siguiendo con la gira por las fuentes de soda con denominación geográfica, esquivamos una buena sucursal del Dominó y nos dispusimos a almorzar en este lugar vecino. La pizarra invita -con singular ingenuidad- a probar una promoción de dos vienesas o dos ases más jugo. ¿Por qué alguien que valora un completo y tiene al mismísimo decano al lado preferiría entrar en la Fuente Romana? Definitivamente, la primera pregunta es qué más ofrece el local. Supongamos que lo romano está en lo abundante y desmesurado.

Tenemos una carta centrada en la vienesa -razón por la cual entre las meseras y los maestros se habla de “completa” así, en género femenino-, luego en el as y en el churrasco. También se ofrecen platos emparentados, como el churrasco al plato con ensalada. Los viandantes tomaban cervezas, bebidas y jugos. Nuestra pregunta por la receta endémica del local nos enfrentó al Churrasco Romana, con queso, mayonesa, tomate y otras cosas que se nos antojaron excesivas. Así que, para utilizar un punto de referencia casi universal, nos inclinamos por un churrasco italiano (no, no por romana la fuente tiene algo italiano) y un jugo de mango.

su churrasco y su jugo
su churrasco y su jugo

Dentro de un pan frica (muy bueno), y dispuesto en un plato ovalado muy funcional al inevitable (casi deseable) desparramo, nos llegó una buena porción de carne a la plancha, acompañada por tomate en proporción bastante razonable y una palta algo falta de ángel. La mayonesa (promocionada como “de la casa”) carecía de sabor y por momentos pareció pesada. Ahí hay un punto a mejorar.

Lo anterior nos lleva a establecer que se necesita un balance en el armado del sánguche: la palta debe ir adherida al pan superior, y la mayonesa debe escurrirse entre tomate y carne. Hacerlo al revés genera la sensación de crisis económica (“qué cara está la palta”) y distorsiona el sabor esperado. Ante esto, la gran cantidad de mayo sólo acentúa el juicio. Y el precio del sánguche ($2900) hace esperar algo más.

El jugo, muy bueno, la atención esmerada y el joven patrón un poco estridente.

joven emprendedor
joven emprendedor

Ficha
12/11/08
Fuente Romana, Apoquindo (entre El Bosque y Tobalaba)
Churrasco italiano, jugo de mango

En terreno: Fuente Holandesa

Las diversas “fuentes” con sus respectivos gentilicios llaman nuestra atención. En este caso, nos dirigimos con J. a la concurrida Santa Rosa para recalar en la Fuente Holandesa. ¿Qué tiene de los Países Bajos? La verdad, nada. Ni tulipanes, ni venta de drogas ni molinos. Quizás, sí, la singularidad de la tolerancia. No nos corresponde reseñar el punto, pero sí, tiene una pequeña y saludable fama.

Alrededor de una barra curva se desparraman unas pocas mesas, atendidas con simpatía. Nos ofrecen guardar la bicicleta, sabiendo que el barrio no es un oasis y que un comensal tranquilo come/bebe más que uno nervioso (de no encontrar sus pertenencias, de eso hablamos). La oferta sanguchera -explicada verbalmente, la carta no juega un rol- es estándar y así lo hace saber la mesera. Nos preguntamos por qué entonces se ofrece en la puerta un lomo holandés. Ante la discrepancia entre letrero y gente, la intuición nos dice MEJOR CREER EN LA MESERA. Si los sánguches son recetas clásicas, vamos por un Chacarero (me lo ofrecen con mayo… lo prefiero sin). J se pidió un churrasco italiano. Acompañamos con bebidas.

El pan llega calentito, muy pronto. Los porotos verdes están frescos, el tomate en rebanadas gruesas. El ají, quizás, un poco desprolijo en el corte. Pero lo más destacable está en dos características del sánguche:

1. La carne del churrasco está blanda. J me confirma que en su sánguche está igual. El corte de carne tiene un grosor estupendo, que permite que tenga jugo y que no haya tironeos al comer. Buena plancha han de tener, buen maestro.

2. El punto de sal, perfecto. Entre ponerle y no ponerle, le pusieron sal. A gusto personal, una demostración de oficio que habla de la trayectoria del local.

Dado que no había fiesta en la disco vecina, la concurrencia era más bien fome, ni siquiera oficinistas acalorados. Documentales sobre las suricatas, un partido de bundesliga en la tele. La sensación de que esta sanguchería está al borde de una calle que de tan transitada, es hostil a la pausa que todo sánguche pide. En todo caso, es una percepción falaz, más cuando se nota la presencia de tanto otro local en esa misma vereda, herencia quizás del Cinerama o del paseo diurno al Santa Lucía.

un animalito sociable
la suricata, un animal sociable

Pero bueno, toda época tiene sus referentes. La Fuente Holandesa aprendió a convivir con una ciudad cambiada, con transeútes inseguros, con paraderos de transantiago y con gente nueva. No sube los precios, quizás achica un poco las porciones.

Pero sin perder el punto de sal.

Ficha

29/10/08
Fuente Holandesa, con J.
Chacarero, bebida y schop

En terreno: La Fuente Chilena

Tal como amenazamos en otro post, nos apersonamos en este local nuevo cuya fama va creciendo de a poco. Porque llegar al Omnium requiere una razón más o menos poderosa. Una pequeña fama, el presentimiento de un buen dato. El entusiasmo del Sr SG.

¿Qué encontramos? Primero que nada, un boliche en serio. No es una falsa fuente de soda, no es una escenografía que necesite inventarse una onda. Es literalmente una fuente de soda chilena. Con guiños que ya veremos, pero aqui no llegó el virus del Liguria o el Emporio La Rosa. En serio las mesas, las servilletas, en serio los vales de almuerzo, los mozos, en serio la barra.

Segundo: buenos precios. Nada de confusiones, porque el mercado del sánguche es muy competitivo y si alguien quiere empinarse sobre los $3000, tiene que pensárselo mucho. El público -un par de cadetes, dos viejitos, cuatro amigas, estudiantes, tres emprendedores con zapatillas, turistas que bajaban de la nieve- atestigua que no se trata de un enclave de nadie. Eso lo asegura el precio razonable de una cuenta que incluyó cerveza, café, y casi casi un postre.

Tercero: una gran carta. Dejando de lado las empanadas, crudos y sopas, el elenco de sánguches es directamente grande. Cuesta decidirse entre los productos cárnicos ofertados, siendo ellos la vienesa, la gorda, el lomito, el arrollado huaso, la lengua, el churrasco, la mechada y la fricandela (no hamburguesa) de la casa, a base de carne de wagyu. Esta última es la recomendación que dan los meseros cuando la indecisión ya se confunde con crujido de tripas. Viene todo en variedades completo, italiano, chacarero, luco y especial.

Cuarto: Ingredientes. Buen pan. Buena mayonesa (brillosa, blancuchenta, untuosa y, muy importante, NO HELADA). Buen tomate. Mostaza chilena a la mesa.

Quinto: hay algunos detalles actuales que nos recuerdan que la discoteque GENTE ya no va y que estamos en el siglo 21. Por ejemplo, el aceite de oliva y el aceto balsámico. La mostaza dijon. Una salsa de ají amerkenada. La cocción en hierbas. El jazz ambiental. La timidez de la sal en los sánguches, o del vinagre en el chucrut. Posiblemente se deba todo esto a la higiene también, una plancha limpia, una mesada impecable en la cocina.

Probé una frica-chacarera y, como la curiosidad y una semana escasa en pan me tenian tenso, cerré con un lengua-especial (sólo mayo), donde prácticamente no se reconocía la textura fibrosa, rugosa de la lengua bovina. De agradecer, pero probablemente no habría sabido si se tratara de un error afortunado y me hubiesen puesto delante uno de mechada, como bien apuntó SG . Ambos sanguruchos aprobados con gusto, demostrando que no hubo desperdicio. Por su parte, don SG pidió un sánguche de lengua y de bis, una fricandela-luco. El comentario fue que quizás sería bueno agregar más enjundia, restar un poco de limpieza (riesgo incluido) para ver si se puede llegar a competir con la primera línea de locales. Pero de momento, hemos ganado un lugar en el circuito sanguchero capitalino al cual volver.

Ficha

20/08/08
La Fuente Chilena, con SuperGuay
Dos sánguches, dos cervezas y un café expreso