El oasis de un sánguche en el centro de Santiago

El Ciro’s es resistente al tiempo. Ofrece su carta estable a una clientela estable, y a recién llegados que lo que quieren es conocer lo que tanto les habrán recomendado.

Una foto publicada por @sanguches el 9 de May de 2016 a la(s) 5:40 PDT

 

Sanguchito de pierna asada, en marraqueta con tomate y paltita. Del Ciro’s.

Una foto publicada por @sanguches el 4 de May de 2016 a la(s) 7:20 PDT

 

Para terminar, fuimos por un café en la galería Crillón. La vitalidad del centro de Santiago es mucha y siempre funciona.

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Fin de (mini) fiesta

“Todo a la parrilla”: un territorio liberado

Caro Carriel, Isidora Díaz y Araceli Paz han publicado un libro cuyo título es maximalista.262662-20160414_152509 Quiero decir que poner todo a las brasas es una propuesta que interesa tanto si se demuestra posible como si no lo es. Por tanto el libro podría leerse (y ojo que no todos los libros de recetas se leen) en actitud desafiante y escéptica.

Una parte de ese escepticismo es carnivoro. Otra parte será machista, inevitablemente. Todavía una tercera parte de la suspicacia puede nacer del conservadurismo que considera que una parrilla es una especie de lecho conyugal en el que sólo debe haber un menú para siempre.

Contra la objeción carnívora, hay que decir que es un libro omnívoro. Verduras, claro, pero también mariscos, pescado, pan, quesos, salsas, hasta frutas. Lo que las autoras no creen es que la carne sea lo único parrillable.

Respecto del machismo que, más o menos en sordina, levanta una ceja ante tres mujeres que hablan con autoridad de asados cabe decir que ellas no reconocen una barrera de género. Que las niñas vean siempre mujeres haciendo ensaladas y hombres soplando el carbón no deja de ser una rigidez de las ideas que se transmite a las conductas. Al remover la barrera, entran ideas, sabores y combinaciones impetuosas. Esa creatividad, singularmente fértil, contagia y complementa las enseñanzas de Marín Vivado (QEPD).

Finalmente, este libro es ciertamente obra de tres personas que saben comer. Si a alguien las mezclas de sabores, las influencias extranjeras o los experimentos le provocan angustia, Todo A La Parrilla podría chocarle. ¿Un ejemplo? Un sánguche prieta, papayas en almíbar asadas y menta que pueden ver acá.

Claro: sánguches y parrilla. Una incitación a aprender más, a probar y no dejar que las ideas se nos estanquen. Un territorio liberado.

Editado por Hueders y disponible en su web.

 

Hamburguesa en La Maestranza

La Maestranza queda en Vitacura, al costado de lo que fue (y nunca parece dejar de ser) la discotec Eve. Por el otro lado, cómo no, una automotora. Mesones grandes, familias con niños y hasta un perro amarrado a la entrada. Quién diría que en esa ubicación desfavorable se abre un buen lugar para pedir sánguches. Pero así es.

Pedimos un estándar de manera de formarnos una idea de lo que el local es capaz: hamburguesa clásica. Qué manera de haber lugares hamburgueseros últimamente en Santiago y en el mundo. Qué difícil destacar entre tanta oferta. El resultado es muy promisorio: buena carne y sabor, un pan más blando y menos dulce que la típica “brioche” gringa, juguito, enjundia, talento sudaca. Mención aparte para el tocino: consistente, sabroso, crujiente, improbable. Difícil de repetir.

Logra justificar un precio más o menos alto para un pan y reivindicar a un barrio que no conserva sus buenas sangucherías. Ojalá la buena atención de La Maestranza, su menú apetitoso y la ola de interés en la hamburguesa se combinen para que nos espere hasta la próxima vez. Quedó mucho por probar.

Kiosko Roca: Pancito, leche con plátano, Magallanes

En la calle Julio Roca, de Punta Arenas, hay un kiosko magallánico. Es decir, un local bien protegido del viento, sencillo y directo en su oferta. Vende cigarrillos, confites y bebidas, aunque prensa no hay. Por eso es un kiosko, una picada.

La clave está en el pancito.

El Kiosko Roca tiene una reputación admitida por trip advisor, el ministerio de Cultura y varios cronistas bien informados, pero más que nada tiene un lugar ganado en la vida cotidiana de la ciudad a la que pertenece.

Esto es muy importante. Si a un santiaguino curioso por la comida le dicen que hay una picada en que se come choripán y leche con plátano, imaginará seguramente media marraqueta bien crujiente con un chorizo asado a las brasas, pesado y muy graso. La leche con plátano, desde luego, no puede ser más que leche fría, plátano y una juguera. Pero no: esa imagen no describe al Kiosko Roca. La diferencia radica, precisamente, en que estamos en Magallanes. Es otro lugar, otra historia y hábitos distintos.

Kiosko Roca

Una foto publicada por @sanguches el 7 de Ene de 2016 a la(s) 2:25 PST

 

Pedimos un pan con chorizo -“pancito” es más correcto-, pero nos retrucaron “¿uno nomás?”, señal que uno no es ninguno. La gente que conoce lleva cuatro. Son hallullas chiquititas, aunque contundentes por el relleno. Calentitas, de cáscara quebradiza, miga blandísima. Gloriosas, únicas. Empezamos a entender el origen de la fama.

El chorizo está presentado como una pasta, al estilo de la sobrasada española. No sería nada de raro que ese fuese el origen, dada la migración que ha construido la comunidad magallánica. Un poco de mayonesa casera completa la combinación. Calórica, por cierto. Potente en sabores, aunque el diámetro es tan reducido que nadie está obligado al empacho. Se puede pedir con más mayonesa y/o con queso.

La otra parte del combo de la casa es -sí, leyó bien- la leche con plátano cuya preparación se hace a la vista del comensal acodado en la barrita: una licuadora llena de plátanos con un poquito de leche, se procesa sin apuro y luego se combina con un galón de no menos de 20 litros de leche. El resultado es el sabor bien dulce y conocido en todas las casas, pero en una textura muy ligera y suave, que equilibra -esto es una prueba que el lector tendrá que hacer por sí mismo- la rotunda propuesta de sabores del pan con chorizo y mayo. Es una especie de postre + refresco, en un lugar en que no hace calor y donde las calorías combaten abiertamente con el crudo viento helado apenas se sale a la calle.

El resto de la fama tiene dos componentes: el precio módico y la devoción de la casa por su equipo de fútbol, tan intensa como para no tener una imagen publicitaria y haberla reemplazado por el escudo de ese club. Aunque no la compartimos, nos llevó a recordar esta columna en que se consigna que antes del fútbol moderno, empresarial y fluorescente, hubo amor por otros símbolos. Pues bien: fútbol aparte, el Kiosko Roca es un justamente un estandarte de la alimentación urbana y popular en este mundo aparte que es Magallanes.