La mejor marraqueta

¿Dónde hacen la mejor marraqueta de Santiago? Esta es una pregunta que a la hora de once puede ser sopesada en toda su importancia.

Hay dos intentos notorios de contestar, hasta donde sabemos. Son concursos o ránkings, que es lo mismo: el del wiken y el de Fechipan-Lefersa. La verdad es que podemos valorar más el segundo, aunque sólo fuera por oposicion al primero. Ya lo dijo Carlos Reyes en su blog, es un error grueso por parte de El Mercurio probar sólo las marraquetas de Providencia. Este es un país de panaderías, buenos panaderos y público conocedor. Un ránking con sesgo geográfico (y socioeconómico)  favorece la marraqueta de supermercado, el empobrecimiento de la industria panificadora y recorta arbitrariamente el gusto de los comensales. Esto es válido también para regiones: ¿por qué no hacer competir panes de Santiago contra el pan francés de Valparaíso? ¿O del sur?

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Si nos permite el lector una comparación más arriesgada, en el ámbito de los premios literarios -desde el desgastado PNL al Nobel: ¿Sólo es importante el premio por quién lo gana (y por tanto, por la aceptación popular y mediática que la distinción encuentre) o también interesa la discusión de los interesados al deliberar? Lo segundo es lo que dinamiza la cultura literaria, sea que usted concuerde o no con el afortunado de turno.

Rodrigo Pinto más de una vez reflexionó sobre ese tema. Nosotros, que de libros sabemos poco y nada, rescatamos como idea principal que las ventas (de pan o de libros) no son argumento suficiente cuando se quiere reflejar en un autor (de libros, de panes) la búsqueda de atributos identitarios, de cualidades que definen y renuevan estos ámbitos dispares de la cultura.

En fin, la panadería premiada -Nirivilo, de Huechuraba- puede ser la mejor de todas o quizás sea nada más que un buen exponente del producto que patrocinaba el concurso. No sabemos cuál de las opciones será cierta. Pero lo que seguro vale la pena es profundizar en el reconocimiento a este tipo de productos patrimoniales. Esta convicción, y no la marraqueta más grande del mundo, es lo que permite mantener y mejorar la tradición panadera que está en la raíz misma de la sanguchería criolla.

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