La identidad dónde está: ¿en los ingredientes?

Si alguien piensa que lo identitario en materia de comida es lo mismo que decir lo singular, lo original, probablemente cometerá errores garrafales buscando aquello que tiene (o tendría) Chile y que en ninguna otra parte del mundo existe (existiría). Como quién busca una esencia numinosa o un ADN encriptado a escala microscópica.

Si está a punto de cometer ese error, amigo lector, lea este buen post de uno que sabe.

Hamburguesa Clásica, del Kleine Knaipe

En la tradición del Rumano
Lechuga, tomate y cebolla morada

Tiene terraza, unas pocas mesas alrededor de la barra y un subterráneo. La oferta de bebestibles incluye, claro,  cerveza artesanal y de schop, pero café también. Los sánguches se ordenan en la carta según sean tradicionales (de primera y segunda generación) o gourmet (donde se proponen algunas cosas de tercera o cuarta generación), pero partimos por la hamburguesa Clásica.

Buen pan, buena carne (aromatizada con ajo) y una guarnición de papas fritas de buena calidad, con salsa para untar incluso. Kleine Knaipe es un bar de inspiración alemana moderna -nada que ver con restoranes tipo Lily Marlen- y citadina, que aspira a contener en su pequeña barra las conversaciones y apetitos de quienes salen de sus trabajos.

Ficha
20/07/10
Kleine Knaipe (Román Diaz 21), con N.
Hamburguesa Clásica, Schops y café.

Sésamo Express, en Av Santa Isabel

La calle Santa Isabel se plantea como una ruta ágil para cruzar de poniente a oriente por la comuna de Santiago hacia Providencia y Ñuñoa. Es decir, es una ruta de vuelta a casa para quienes viven en esos desproporcionados edificios al borde de la vereda, o en la fase pueblerina de Providencia, quizás también para quienes trepan hasta las residencias que comparten sus cuadras con garages y restoranes.

Ahí, en la esquina norponiente que se forma en la intersección con la pequeña calle Raulí, se puede ver un amplio y novísimo local de dos plantas llamado Sésamo Express. Como sucursal de un señero enclave sanguchero en la ruta 68 -que tiene su propia historia– expresa una atención preferente con los transeúntes motorizados, más que con el peatón o el ciclista (ojo, es una calle con ciclovía). Estacionamientos directamente a la barra, en una disposición que recuerda a esos drive-in gringos. Curioso, ciertamente. La segunda planta promete suficientes asientos para cuando venga la época de popularidad. La barra es impecable, amplia, de acero inoxidable, limpia, demostrando que la inversión es seria. Esto alienta al escéptico.

En la carta, bien leal con la tradición sanguchera, se combinan las carnes más clásicas -churrasco, lomito, ave, vienesa y la versión ‘as’ de ellas- con los formatos completo, italiano, luco y chacarero. Como un buen resumen de pan, carne y elementos adicionales, pedimos un As Italiano. Nos sorprendió el tamaño y bonhomía del pan, calentado en la plancha. Reparamos favorablemente en la carne picada de buen grosor. Valoramos la mayonesa casera y la oferta de ketchup, mostazas y salsas picantes de cuño norteamericano. Pensamos que esto subraya la orientación de Sésamo Express hacia una audiencia criada al alero de una cultura de masas más gringa que estrictamente local. Pero no nos engañemos: toda fuente de soda, incluídas las olímpicas, son mestizas y no hay nada menos identitario que buscar la chilenidad pura.

Creemos que el buen estándar de las instalaciones predice que la cocina logrará pronto un sabor propio, una enjundia particular que cautive a los comensales. Está todo dado para tener un buen emprendimiento sanguchero camino a casa.

En defensa de un vínculo

Este año 2010 está marcado a lo ancho por el mundial de fútbol, y en las horas que corren es Uruguay el país que concentra nuestros afectos. Por eso decimos que tenemos un vínculo sanguchero con la Celeste. El fútbol uruguayo, como el Chivito (que NO ES un sánguche de carne de chivo, ciertamente), es una amalgama enjundiosa, brava en calorías y emociones, grande y de corazón generoso.

Comida de gente común, comida cotidiana pero festiva, comida hereje que ninguna religión aprobaría como mandamiento. Comida feliz, en fin, en la que un sudamericano cualquiera podría regocijarse y revivir. Cultura popular que puede intensificar la vida. Qué lejos está todo esto de la mezquindad y la falsa mesura. Esto lo entendemos bien, lo reconocemos. Fuerza Uruguay.

Chicharrón, en el sentido peruano del término

Cuando en una sanguchería directamente peruana o de inspiración peruana -como Ciudad Vieja- le ofrezca el sánguche de Chicharrón de cerdo, usted no piense en una tortilla de rescoldo con chicharrones. No son restos de asado, no es grasa, no hace mal.

Chicharroncito de cerdo
Sanguchito de chicharrón

Se trata de carne primero asada y luego pasada por la plancha. Por lo tanto se achicharra, pero en el sentido peruano. En una buena marraqueta, con verduras sabrosas, tenemos un sánguche realmente digno de elogio.