Chilean ways

Las cosas parten con un despliegue de narcisismo del ganador de las elecciones presidenciales (Obama le dijo que ahora en EEUU quieren hacer las cosas a la chilena). Tengo bastante claro que el narcisismo del mandatario es parte de su capital y le reportó preferencias de electores que quieren identificarse con el éxito empresarial, las fortunas incalculables y los PhD en Economics. Así que el punto no se trata tanto de que tengamos como presidente a un megalómano; es que a cualquier pueblo le gustan los halagos desmesurados, tal como a cualquier adolescente le ilusionan los piropos y atenciones de los demás.

Tal como a un adolescente excitado por un piropo genérico, nos pasa que las inseguridades y miedos se desvanecen momentáneamente. Nos sentimos como nunca: henchidos, atractivos, populares, conocidos, sentimos que las tardes improductivas de nuestros veranos pasados quedarán olvidadas. Lo que viene, piensa el cabro espinilludo, es un espiral de fiestas, fotos, tragos y plata (no digamos sexo, pero casi). Algún tipo demasiado serio apuntará que nuestro personaje adolescente embargado de novedoso orgullo no es ningún estudioso. El muchachón se quejará de la mala leche de quienes le recuerdan a Chile que su educación es un sistema absurdamente desigual. Qué necesidad habrá, piensa el optimista compulsivo, de señalar el vaso mediovacío si por fin nos iban a aceptar entre los más choros. Hay una necesidad, pues. El repentino orgullo de hoy es un atajo expedito y eficaz a la desilusión de mañana; la eventual autoconfianza es una antesala a las ínfulas de superioridad más ridículas.

En sánguches nos interesa y nos gusta la comida. Especialmente aquella que nos resulta más próxima, más habitual y más conocida. Estamos seguros que en la comida urbana y popular hay tanto que elogiar, o si usted prefiere, no hay nada de qué avergonzarse. Sobre panes podemos dialogar con todos los países del mundo, sin complejos y hasta con seguridad. Pero sería tonto aleccionar. Preferiríamos aprender. Para enseñar algo, primero tendríamos que saber que hemos dominado el arte de comer mucho en poco tiempo, porque el sánguche chileno es parte de una cultura del apuro y la escasez.

La chilean way -sea cual sea la fantasía que tiene Obama de cómo se resuelven los problemas aquí- es siempre una forma de salir de un pozo. Las viviendas sociales que destaca A. Aravena o los colegios públicos a los que asisten todos los niños en Chile así lo muestran. La chilean way no es cocina internacional: es un pan con vienesa en el que tratamos de poner todo lo que encontramos.

Italiano de Dónde El Guatón
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3 comentarios sobre “Chilean ways

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