La Superior y su recetario propio

Nos invitaron a la marcha blanca de La Superior para conocer la oferta de este local, que como algunos de los lectores pueden saber, comparte dueños e inspiraciones fundamentales con la salchichería Hogs. Este post, por lo mismo, es un muestrario de lo que conocimos y que está abierto al público a contar de hoy. Acá una sinópsis.

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Pernil del carrito

Las preparaciones llevan nombre (la proteína) y apellido (combinaciones de agregados). Comenzamos probando un Pernil del carrito,  es decir con salsa verde, tomate y mayo con ajo. El chancho está tratado con mucha paciencia y afecto, de manera que es suave, está prácticamente molido y se integra con los demás ingredientes sin dominarlos, sin problemas, dentro de un pan amasado de miga -pese a lo que uno creería- liviana. Untuoso y sabroso, uno de nuestros favoritos.

(Todo en la oferta de La Superior va con su adjetivo, cada cosa tiene algo específico. Todo pasa en el salón alargado que tiene salida hacia el muy respetado patio de restoranes de Nueva de Lyon 105. Se trata de un lugar taquilla y todo lo señaliza así. El Bar Central, y no sólo el Hogs, tuvo su consecuencia en La Superior).

Lengua tártara

La segunda preparación fue la Lengua tártara: es muy llamativo el color morado de la carne, originado en un proceso de curado que cambia la textura de una pieza animal que pocos cultivan. Cuando se dice tártara, se refiere a una combinación de mayonesa (casera), huevo duro picado en cubitos y cebolitas perla (con poco vinagre) que va adornada por una hoja de lechuga escarola (nos pareció) que pone el sonido crujiente en un sánguche fresco, pero invernal. Pan frica integral, cascarudo y más seco que su mellizo, el frica estándar.

(Si las salsas son elaboradas por el propio local en vez de comprarlas hechas, el valor añadido es mayor y requiere más capacidad en la cocina. Hasta una mayo o un huevito picado pueden ser detalles de calidad).

Crudo

Seguimos con un Crudo en pan de molde, desafiando el concepto (estricto) de sánguche, pero fiel al modo de ser de los boliches maduros. Cuando el crudo se presenta como de «dos cortes» es que la carne va mitad picada y la otra mitad, molida. Rica textura, todo el sabor mezcladito. Tomamos una de las mostazas disponibles en los mesones y probamos subirle un poco la agresividad a esta posta rosada que, pese a su color sanguíneo, es mansita en la boca. No en vano la posta rosada es la comida de las guaguas.

(La Superior no tiene miedo de los gustos de sus comensales; al contrario, el restorán aporta primero contundencia, cantidad y sobre eso ensaya filigranas de chef. La cantidad y la calidad no son dicotómicas en el sánguche chileno).

Mechada veguina, vía @ConsueloG_

La cuarta preparación que conocimos fue una Mechada veguina, por fin en una buena marraqueta. Láminas de pollo ganso cubiertas de una mezcla -de la Vega, que no vegana- de porotos verdes blanqueaditos y palta fileteada. Una combinación que, pese a ser lógica y coherente, no es habitual. Ají verde también se anuncia en la carta -aunque no lo encontramos en el pan- y una salsa verde que es casi una vinagreta de lo finitos que están picados los ingredientes, todo decorado por una mayonesa de zapallo. La mezcla es una ensalada en sí misma y permite conocer un sabor que constituye un aporte del cocinero a las combinaciones posibles para que el recetario chileno amplíe sus márgenes.

(La Superior es un lugar de pruebas. No han buscado tanto en recetarios del mundo, pensamos, como sí han imaginado permutaciones que sean nuevas sin parecernos ajenas. El tiempo, el gusto de los clientes y la reflexión de la cocina podrían contarnos luego qué tal les va).

Mechada Canadiense

Llegando al final, degustamos la Plateada canadiense. Podríamos analogarlo a un chivito en versión resumida (tiene la carne, el huevo, el queso, el tomate y la lechuga) y menos  contundente que el original uruguayo, ciertamente gigantesco, pero sin perder sabores secundarios tan importantes como la aceituna negra hecha pasta y pimiento rojo licuado. Pero la estrella del canadiense es el tocino al horno, que impregna un sánguche para comer calentito, muy rico. Pan frica, porque ¿qué puede hacer un pancito debilucho ante una combinación de ingredientes como esta?.

(La cocina es una cosa y la plancha otra. Los ingredientes son bien tratados. La ingeniería reversa de la Fuente Alemana ha dado como resultado un lugar que se orienta por el recetario clásico y explora sin hacer imprudencias o experimentos bobos).

El concepto de sangucheria gourmet o gastronómica no ha sido agotado. Queda espacio para varios boliches y para mucho aprendizaje en la cuarta generación de sánguches chilenos. El nombre «La Superior» es un signo expresivo de esta vocacion sofisticada. Es un riesgo, tambien. Se ubicaron entre el Rívoli y el Baco, que son compañeros de curso muy aventajados y con propuestas muy distintas. El recetario es la clave (Esteban Donoso es el chef) y lo que debería dominar su apreciación en el futuro, cuando el nervio de la inauguración deje paso a la rutina. Cuando el último foodie seguidor de tendencias deje de comer sánguches, La Superior va a sobrevivir si persiste en su propósito de proponer innovaciones construidas con los elementos que conocemos mejor.

La Terraza Gourmat

El lector de este blog es paciente y lo sabemos. Se detiene en los textos y conversa con los sánguches (por supuesto, es una manera de decir), no solo consume datos y notas y fotos. Quizás recuerde nuestra idea sobre la ampliación del recetario: se van a juntar las técnicas de los cocineros profesionales y las influencias de otras cocinas del mundo, y va a nacer una cuarta generación de sánguches. Si no se acuerda, hay link.

Pues bien: La Terraza Gourmat (no, no es con E, es con A), nos da la razón. Una carta concisa, con hamburguesas que la emparentan con Mr Jack y guisados entre pan que la hacen comparable con Ciudad Vieja, da prueba de que el lugar tiene por motor a una buena cocina. Un buen cocinero que para serlo eligió un sitio de pocas pretensiones, pero en el que se ve bien seguro y muy convencido: materias primas gourmet en recetas que gustan al gran público. Hay un mérito muy grande y una madurez en el que busca hacer bien lo simple, cuando el lucimiento parece distante y el camino se alarga. La prueba está fotografiada acá.

Materiales gourmet

Junto con una cerveza artesanal -compañera más que probable del sánguche gourmet- de barril, pedimos un guiso montado en pan italiano: osobuco al vino tinto, enjundioso y de textura muy suave, con hojas de lechuga, brotes de alfalfa, un pebre más semejante a una ensalada que a una salsa, y papas hilo. Elementos que no forman parte de la tradición chilena, pero que pueden ser apreciados por un comensal que valora la contundencia, el condimento y la variedad.

El pan italiano es menos importante en el cuadro global del plato, lo que queda claro al ver las papas rústicas que acompañan el sánguche. Es decir: si quiere carbohidratos, tiene papas. La estrella es la carne, la salsa, la composición.

En un barrio como Vitacura, plagado de ofertas muy caras o bien burdas en su chatarrismo, La Terraza ocupa un lugar que puede cobijar a un notorio psiquiatra-dramaturgo, dos parejas de treintañeros en edad de casarse, una madre  y su hijo adolescente, o una pequeña familia cuyos ojos brillan ante un sánguche elaborado con tino y buen gusto.

Está en Manquehue Norte 1732, Vitacura.

Más y más Fuente Mardoqueo

Cómo ha crecido la Fuente Mardoqueo. Es hoy mucho más conocida que hace casi cuatro años, cuando la visitamos por primera vez y eso se traduce materialmente en al menos tres ampliaciones del salón en el mismo estilo cargado de colecciones (lo más reciente es que anexaron la casa de Libertad 547) y una cocina más grande, pero igualmente impecable y siempre a la vista. En este escenario podemos acceder a una oferta sanguchera consistente desde la primera visita,complementada hace un tiempo ya por buena cerveza (artesanales tanto en botellín como en schop).

Pero no es solo este crecimiento el que se palpa en Libertad 551: cuánto ha hecho Mardoqueo por extender el debate cuando se propone sin falsa audacia como el mejor lomito de Chile, lo que obliga al comensal a comparar, definir bien lo que espera y aguzar los sentidos para incorporar toda la información contenida en el pan. También ha colaborado con el diálogo respecto a la renovación de nuestras fuentes de soda. En efecto, no se trata únicamente del legítimo orgullo del que compite con buenas armas, sino de un lugar en el que el sánguche es querido, bien enseñado al personal y también al público (el sistema de atención es tan moderno como intuitivo, a nuestro parecer), convirtiéndolo un dato que circula presurosamente boca a boca y que atrae hacia el barrio Yungay de las canciones de Redolés.

Lomito Bávaro con chucrut y pepinillos

Reseñaremos dos ejemplares invernales que hemos disfrutado en el último par de semanas. El primero es un lomito de la casa con pepinillos encurtidos y chucrut, evitando el tomate o los porotos verdes que al no ser de estación nos parecían una previsible decepción. En cambio la verdura conservada en vinagre parece propia de estas épocas frías y de consultorios colapsados por virus invernales. Las porciones en Mardoqueo son todo: la diferencia de precio entre los tamaños «chico» y «normal» se explica por la cantidad de añadidos y no por el diámetro del pan. Por esta razón, se trata de una abundante ración ácida y crujiente de vegetales cosechados en mejor época que escoltan de manera muy armónica el sabor húmedo del lomito.

La mostaza que se encuentra en los mesones, así como el ají de distintos colores e intensidades, hacen que las combinaciones de sabores y aromas sigan evolucionando frente al comensal. Recomendable y reparador.

Pero chico

La segunda visita que vamos a comentar tiene un antecedente. Nos preguntaba nuestra amiga @ClauOrellana dónde se servía el mejor Barros Luco de Santiago y nos encontramos con una respuesta tan corta que nos pareció necesario atender mejor a este clásico. Es cierto, este blog no se ordena como un ránking ni un catálogo exhaustivo, pero el Barros Luco merece más atención y tenemos que rastrear mejor dónde se le cultiva con el mimo necesario. Confiados en la buena mano de la Fuente Mardoqueo, pedimos la versión chica.

Lo que encontramos es un pan (frica, claro) en que la carne viene picada prácticamente en cubitos, muy bien aderezada en la plancha y perfectamente cocinada: en el churrasco no valen los pacientes jugos de la carne asada, sino la salsa que se produce con el aceite, el tostado de la carne y los aliños que se tengan a mano en este momento veloz. Además del jugo, este corte facilita una mordida sin tirones y una generosidad que los cortes planos harían inviable. El queso llega perfectamente fundido, es mantecoso y con la acidez leve de sus materias primas. Algo mágico -algo que no vemos, pero entendemos en la boca- tiene la mezcla de carne y queso. Acompañamos con un schop negro y tostado, que nos pareció acorde a la estacionalidad del sánguche.

Este Barros Luco tiene lo mejor de la receta y nos ayuda a reconocer lo que buscamos: sabor invernal que puede alentar al transeúnte a vencer la lluvia, el viento húmedo y la distancia.

El Rocotito y Bellas Artes

El barrio Bellas Artes no siempre ha existido como tal. El museo está ahí desde hace un siglo, es cierto, pero el barrio se definió por mucho tiempo a partir del cerro Santa Lucía, el Parque Forestal y la elegancia de una clase social que paulatinamente abandonó el barrio. Pero hoy, ciertamente, existe un barrio Bellas Artes con su propia estación de metro, sus calles renovadas por el turismo, un repoblamiento entusiasmado con la estética («Bellas Artes» predomina como nombre sobre «Merced» o «Monjitas»: eso tiene que significar algo) y el estilo de vida cosmopolita.

En la redefinición del barrio tiene un rol importantísimo la migración. No sólo se trata de nuevos restoranes con cartas francesas; hay panaderías con facturitas argentinas, restoranes de comida india, japonesa y -muy importante- peruanos que cocinan y ofrecen sánguches. El ejemplo ya conocido es la sucursal de Donde Guido. Lo más novedoso (para nosotros) era El Rocotito, lugar que nos recomendaron nuestros amigos @_EduardoA_ y @zallypedia.

Hemos comentado antes que el sánguche peruano tiene características propias que lo diferencian de su colega chileno, a nuestro juicio tan heterogéneas como complementarias. De hecho, el sánguche peruano que se come en Santiago es por sí solo un mestizaje desde el momento que va en marraqueta. Y nos enseña la infinidad de salsas que pueden crearse (a nosotros los fanáticos de la mayonesa), la importancia de la sazón en la carne, el pollo y el chancho, el uso de papas y camotes, la presentación y en último término, lo interminable de la evolución de este platillo que nos acompaña siempre.

En la foto pueden ver un elegante sánguche de lomo saltado: escoltado por las papitas fritas que son parte central de este análogo peruano a nuestro bistec a lo pobre, el pan incluye cortes de carnes marinadas en aderezo de salsa de soya y vinagre, luego selladas y con un centro a punto (no del todo cocido, como en los asados); tomate y cebolla cocinados junto con la carne, lo que se transforma en una salsa potente que define la diferencia entre un churrasco y esta receta, además de zarza criolla que aporta frescura y sabores vegetales. Agregamos salsa de aceituna y pensamos que habría tanto que aprender de los demás tipos de salsa.

Si usted ha comido lomo saltado -es muy probable si fue a un restorán peruano de los que se difunden por la ciudad- encontrará que su trasposición al sánguche es un acierto total. Y si pasea por el barrio Bellas Artes, pensará que el cosmopolitismo no es solo tener hostels o bed & breakfasts, sino compartir la vida cotidiana y los hábitos con vecinos de distintas procedencias.

Ficha
27/06/2012
El Rocotito (Merced 571), con E. y M.

Un Dominó con mesas y juegos de niños

Ñuñoa es un barrio cargado de mitos. Se insiste en tópicos como su identificación con la clase media, la vida de barrio, la intelectualidad y la bohemia. Pero pasear por las manzanas ubicadas en el cruce de Irarrázaval y Pedro de Valdivia (el corazón de la comuna) puede dar una perspectiva menos folklórica: liquidadoras de ropa deportiva, un caracol añoso, camiserías, outlets. Pocos rastros de librerías, cafés, almacenes de barrio. El paisaje urbano es muy parecido al centro de Copiapó o de San Fernando.

Vienesa Antigua / modernizada

La comida de este paraje es consistente con ese carácter . Alguna fuente de soda que ofrece también pollos asados, un restorán peruano, cadenas de comida chatarra, promociones de completos y bebidas para los transeúntes que hacen combinaciones de micro. Una picada italiana acá, un salón de té allá. Falta algo.

Y el Dominó parece compartir ese diagnóstico: tal como hizo en Isidora Goyenechea, se instala con una casa refaccionada y bien decorada. No estamos en el clásico Dominó que tiene como espina dorsal al mesón. Encontramos muchas mesas distribuidas en dos pisos, invitando a sentarse y charlar. Disponen de wi-fi y pantallas enormes que permiten seguir la programación de la tv. Hay juegos para niños como los que las cadenas gringas instalan para que los padres puedan entretener a sus niños mientras comen. El lugar por excelencia donde se come de pie y apurado nos recibe con atención a la mesa y un menú que ha crecido sin prisa.

Junto a la conocida paleta de colores que aderezan las vienesas, hoy el Dominó sabe que los sánguches de todo tipo, los jugos y ensaladas, los desayunos y hasta los consomés ya son una necesidad a distintas horas del día. Y si nadie más quiere poner eso en un cruce de calles tan central para Ñuñoa, esta cadena muestra la buena voluntad de ser la sanguchería del barrio. Lo han hecho en otros rincones. Lo seguirán haciendo mientras el público responda

Sánguche cubano: Ropa Vieja en Valparaiso

Conocida y documentada es la influencia francesa, italiana o inglesa en Valparaiso. El cosmopolitismo porteño no tiene que ver con las versiones patrimonialistas tipo Bed & Breakfast, sino con el carácter abierto que el mar puede generar en una ciudad.

Ropa Vieja en pan frica

En este sentido, no debería causarnos extrañeza que un recorrido cualquiera por el Plan ofrezca opciones más diversas para solventar el almuerzo que, por ejemplo, Santiago. Así es como el primer sitio de sanguchería con sabores cubanos en Chile lo encontramos al lado de la intendencia de Valparaiso.

En un pan frica muy tradicional, pedimos una preparación que ha logrado traspasar bloqueos, distorsiones y conservantismos de diverso origen para resultar objeto de curiosidad: Ropa Vieja. Tratándose de un guiso que va a ser adaptado a un sánguche, la expectativa tenía dos ángulos. Por una parte, probar la textura deshilachada y caldúa de la Ropa Vieja en el lugar que los chilenos le reservamos a las fibras del churrasco o a la levedad de un lomito remojado en sus caldos. La segunda expectativa era apreciar el resultado del resto del sánguche, consistente en tomate, lechuga y mayonesa. Veamos los resultados:

Como podrá apreciarse en la foto, el plato da cuenta de los caldos que definen esta manera de cocinar la carne. El pan es desafiado a contener una cantidad de jugo que parece inabarcable y que, además, resume el sabor de la preparación: no tiene sentido «secar» la Ropa Vieja. En este sentido, nos quedamos con la impresión que una marraqueta -cascaruda, más firme- hubiera sido mejor elección de pan. Y que este sánguche chorrea.

En segundo lugar, los vegetales y la mayo parecen una compañía muy fría -pensando que este bocado fue comido en otoño con el aire húmedo de la orilla del mar- para un sabor que se suele comer con arroz. ¿Qué agregados calientes tiene la sanguchería chilena? El queso derretido-como en la Mechada Luco- o el huevo frito. No utilizamos papas (como los peruanos) ni acostumbramos mezclar la carne con otras proteínas -como uruguayos o gringos- y eso recorta las opciones de poner un guiso dentro de un pan.

El desarrollo de una gastronomía sanguchera avanza con este tipo de encuentros y El Sándwich Cubano, en Valparaiso, es un punto señalado dentro del mapa que quisiáramos probar de nuevo.

Rancagua tiene su Tío Manolo

Hace no mucho tiempo, la amenaza de cierre de un local sanguchero en Macul generó idas y venidas de quejas, recuerdos y tal vez alguna tardía confesión: son miles las personas que paran a comer en pequeños puestos donde el tiempo parece suspendido y todo es -porfiadamente- igual hace años. No es justo que esos lugares desaparezcan, pese a que el tiempo los hace crecer y mutar. Acá dejo un link para una columna de Óscar Contardo sobre esa historia.

Sabiendo eso, no es extraño que existan otros «Tío Manolo» fuera de Macul, incluso sin estar vinculados a la exitosa cadena de locales que ha dado lustre a la marca. Todos tenemos -es cosa de buscar- un tío de estos, todo barrio y ciudad preserva un auténtico Tío Manolo. Acá no caben los derechos de autor. Se trata más bien de patrimonio.

En Rancagua acudimos a este dato, apurados, ansiosos y expectantes. Encontramos un pequeño local organizado en torno a la plancha y el refrigerador, estrecho y acogedor a la vez. Pero al seguir los movimientos de la mesera nos percatamos que por un pasillo se accede a una sala más grande. Eso creemos, porque salen largas filas de personas a pagar su consumo a la caja. Acá se nota algo: la sanguchería chilena es de construcción progresiva, parte pequeña, se afirma y se amplía a medida que su éxito se lo demanda.

Imagen
Capo de provincia

El local ostenta su cariño por O’Higgins de varias formas: insignias, posters del equipo, un autógrafo de Manuel Pellegrini (seguramente un facsímil, el original es muy valioso) y, lo más importante, la conversación de sus parroquianos. La oferta sanguchera es la clásica, sin que falte nada, a precios amables. Nos ofrecen diligentemente algo de beber y pedimos un Barros Luco («acá todo se sirve en pan churrasco«), porque el día está frío y la mezcla de carne con queso fundido parece buena solución.

El propio patrón -así lo llaman sus colaboradoras- es quien prepara los pedidos, de modo que es mejor tener paciencia. Llega un sanguchito correcto y muy abundante que encaramos de inmediato. Vemos pasar churrascos con mayonesa casera, completos casi ovalados por la carga de agregados, pedidos para llevar, y con el otro ojo seguimos las noticias en la tele. Hay repertorio.

Estamos en un sitio que condensa lo que hay de semejante entre todos los boliches de su tipo en Chile, pero que es a la vez un ejemplar idiosincrático en un lugar donde eso es particularmente difícil: una ciudad demasiado cercana a Santiago, sus modas y su hegemonía. En este sentido, el nombre «Tío Manolo» es como para exclamar uno más, pero al salir ya tenemos buenas pruebas de lo firme que son los lazos que lo unen a sus clientes. La originalidad está, posiblemente, en ese vínculo.

Hogs: el completo puede dar un giro

Un par de días atrás se emitió el programa de Andrew Zimmern en que visita Chicago, ciudad descrita como la capital del hot dog. Entre las muchas experiencias que se retratan en el episodio -y que lo ponen muy por encima de la voracidad consumista y tanática de Man vs Food- se destacó un lugar llamado Franks ‘n’ Dawgs, donde el formato del popular hot dog se vuelve elástico para permitir una apreciable cantidad de combinaciones nuevas, concursos de chefs, recetas originales y la reiteración de que un pan con salchicha puede volverse algo sorprendente.

Teniendo nuestra sanguchería una importante veta completera, nos preguntamos si resultaría posible dar un giro al menú. Un giro, que es distinto a una ampliación. No una nueva propuesta de ingredientes en el completo de siempre, como las que a diario se pueden ver en los abundantes bolichines completeros y en las cadenas más consolidadas. Y, por coincidencia, nos cuentan que en Los Leones acaba de abrir Hogs. La coincidencia nos convence de aprovechar la hora de almuerzo ahora que el pago del mes todavía está fresquito.

En inglés, pero artesanal

Todo nos hace pensar que vamos a volver al boliche, así que daremos las pistas más generales solamente:

  • Hay tres tipos de salchicha, que es el corazón del negocio: de chancho, de pavo y mezclada de chancho con vacuno. Elegimos la primera.
  • Hay tres categorías de preparación diferenciadas por precio, lo que requiere concentración pues no es el hábito al momento de pedir (uno suele escoger «italiano» y luego pregunta el precio, pero acá sería al revés: dentro de un precio, puede ser italiano, alemana, gringa o completa, por ej). Como estamos en días de abundancia, pedimos la combinación Francesa: cebolla caramelizada, champiñones, tocino, aderezado con una salsa alioli.
  • Finalmente, la elección llega al pan: está el tradicional (pan de completo blandito), batido (con más cáscara y miga consistente, casi estilo marraqueta) e integral. Fuimos por batido, claro.
@UnoCome en Hogs

El lugar cuenta con una plancha de pequeño tamaño, un calentador de pan y los ingredientes dispuestos para la preparación de los pedidos que llegan impresos desde la caja. El área de «emplatado» utiliza bandejas chicas, portacompletos de cartón y servilletas. Hay también un dispensador de limonada (en este caso una mezcla de jugos de limón y frutilla, que pedimos en vaso grande), así como refrigeradores para cerveza y para bebidas.

Los mesones cuentan con ketchup y dos tipos de mostaza (una completamente amarilla, otra con pepitas molidas a la vista).

@_safari en Hogs

No es barato (la cuenta de este pedido se empina sobre las 4 lucas), pero es fiel a su declaración de principios: hay artesanía, hay rapidez sin chatarra, es comida consistente para épocas de invierno, bien calórica, pero apetitosa y bien hecha.

Hay muchas combinaciones por probar, muchas propuestas que dejaremos para otra ocasión. Seguro vendrá. Es cosa de ver las fotos nos envían nuestros colaboradores en la primera semana de apertura.

@omaidog en Hogs

Cecinas Soler al paso, elaboración propia del Maule (por @Fcogayan)

@Fcogayan en su segunda entrega. Salvó una foto de sus propias fauces y corona este post con un pronunciamiento taxativo: él tiene un favorito para el clásico sanguchero que se juega en la 5 Sur a la altura de Curicó.

El Restaurant Cecinas Soler está situado a un costado de la Ruta 5 Sur en el acceso norte de la ciudad de Curicó. La gracia de este punto de reunión caminero y familiar, es que se puede conocer distintas formas de preparación del cerdo, es una verdadera Charcutería. La visita comprometida gustó, agradó y sació.

Un lomo tomate-palta

La aventura en solitario fue un lomito palta-tomate en frica, aunque estuvo difícil la decisión entre el jamón planchado y el arrollado. A grandes rasgos, la impresión fue como sigue:

El lugar bien parece (y lo es) una cafetería de paso caminero, donde destacan pequeñas mesas cuadradas y una ineludible tonalidad blanca en el entorno. No es un lounge para relajarse, especialmente porque hay que esperar mesa, incluso a las 16:15, hora de nuestra visita.

Lo más importante era el lomito, y en Soler bien lo saben; son generosos con las porciones y ecuánimes con los agregados. Eran láminas delgadas que se sumaban una tras otra. El rumor decía que son al menos seis capas y no era producto de la imaginación. La receta no estaba cargada al condimento, era verdadero lomo de centro que mantenía su sabor característico. Tema aparte eran los agregados, de buena calidad, pero imposibles de contener en el pan de frica (suavemente tostado). Como no se puede perder nada, el sánguche viene en plato de fondo.

Por tamaño y calidad, la visita fue un completo acierto. Los precios no son los más económicos, pero son acordes a una buena preparación sin demoras, que es lo que busca este blog. Tema aparte es bucear en la carta de embutidos y sub productos de cerdo que se pueden encontrar: Salame, Jamón y Bondiola serán parte de otros sánguches caseros.

Por 10 kilómetros de diferencia, se recomienda Soler por sobre Teno Sandwich.