El fin de año no equivale, necesariamente, a cierre de actividades. Eso queda para los que toman vacaciones en enero. El resto de nosotros seguimos a caballo de las tareas.
Quizás, por lo mismo, hacer una especie de balance sanguchero no tiene mayor sentido. Pero podemos sí apuntar dos o tres cosas que nos dan vuelta y que, esperamos, se reflejen en algunos posts venideros:
– Hemos evitado concurrir a los santos lugares, intentando acumular experiencia y ganarnos el premio. Pero no podemos proseguir un blog como este sin pasarnos por la Fuente Suiza, el Dominó, la Fuente Alemana. ¿Tiene que ser? Tiene que ser.
– Tenemos aportes interesantes en los comentarios que nos abren la posibilidad de recibir contribuciones anónimas y ad-honorem (avisado, ah?). Aumentada de esta manera la capacidad sanguchera, se abre la gran alameda de los raids en busca del mejor lomito, el mejor as, el mejor chacarero, el mejor chemilico. Sin echarse una sola persona todo eso a la panza, que en vacaciones las vanidades son culpas.
– Los sánguches de estadio. Una oferta amplia, enjundiosa, no necesariamente barata, pero prometedora.
– Una reflexión sobre la comida rápida, el sánguche chileno, la mala conciencia y el libre mercado.
– ¿Sirve para algo el sanguchismo en el contexto de un país agotado y en crisis? ¿Qué implicancias tiene el emporialismo en época de elecciones? ¿Vamos a irnos de chingana y pan mientras afuera se hace política?