Olimpo: Fuente Suiza

¿Cómo llega a ocurrir que un lugar tan referencial como la Fuente Suiza tarde tanto tiempo en llegar a sánguches? Quizás sea porque los lugares mayores de la sanguchería, el panteón de las grandes ligas en la que la Fuente Suiza ocupa un sitio tan principal, atrae tanto como impone cierto respeto.

Se trata de un mito ñuñoino, una parte importante de un barrio que carga con un conjunto de imágenes supuestamente de clase media, ambiente universitario y laico, cierta bohemia de tipo no artístico y una chilenidad casi provinciana, casi moderna. Demás está decir que el barrio no es nada de esto a esta altura. Ni clase media, ni universitario, tampoco provinciano. Sin embargo, la vitalidad que muestra la Fuente Suiza se expresa de muchas maneras:

1. El lugar ha pasado de un primer piso con el acostumbrado mesón y plancha, donde los parroquianos comen apoyados en los codos y con cierta incomodidad -¿hay algo más chileno que comer así?- a un restorán. Se amplía en su misma esquina, con una segunda planta con mesas y sillas siguiendo el modelo de cualquier sitio de inspiración familiar.

2. Ofrece también postres algo más sofisticados de lo normal, pero cultiva y mantiene su experticia y carta de sánguches y empanadas (las de pino que probamos, extraordinarias), que es como el superpoder del lugar. Dejemos hablar a la imagen:

Ahí está todo
Ingredientes para el sánguche

3. Es de tiro largo. Atiende al almuerzo, tiene la opción clásica para llevar, recibe a comer y atiende a noctámbulos en fines de semana. Se nota cierto tedio en el servicio cuando ya es tarde. Cierta distracción. Pero lo relevante es que la Fuente Suiza sabe qué esperan sus comensales y cumple con su deber.

Pedimos un churrasco, frente a la tentación de ir por el lomito o la fricandela. Lo acertado se refleja en la generosidad de los cortes de carne dispuestos sobre el pan, el jugo que baña los churrascos y su carácter tierno, blando y amitoso al masticar.

Saludable
Historia de un país

No obstante la satisfacción, queda una sensación de incompletitud de tanto que hay por probar. El lomito ofrece una atractiva llamada para ulteriores visitas, así como la importancia de probar la mayonesa del local. Es de agradecer que ciertos lugares capten la importancia de la tarea que tienen ante sí. La  Fuente Suiza es un lugar responsable, valiente y generoso: sin ella, Ñuñoa sería posiblemente un páramo de desilusiones.

Ficha
Fuente Suiza, 07/05/10, con M., C. y P.
Churrasco tomate-palta, en pan frica. Schop de 500 cc.

El orden de los factores (estilo peruano)

Con salsas de ajo y ají amarillo
Su sánguche de chicharrón y su jugo de piña
Fíjese: abajo, pegada al pan, va la lechuga. Luego el tomate. Encima va camote cortado en láminas. Recién entonces va la carne, que en este caso es chicharrón de cerdo (o sea, cerdo asado y luego pasado por la plancha). Encima la salsa criolla, que consiste en una cebolla morada cortada en aros, y marinada en sabores típicos.
Sánguche de chicharrón
Donde Guido

Los peruanos siguen una lógica diferente a la nuestra en lo que hace al armado de la pieza.

Pan con mantequilla

Este breve post va de respuesta al bueno de R. que hace más de un año nos dijo:

Creo que sin un gran esfuerzo, todos los amantes del buen sanguche reconocerán en la marraqueta tostada con mantequilla el origen de la pasión por los sanguches. Lo curioso es que aún no conozco un lugar en donde uno pueda comerse una verdadera marraqueta tostada con mantequilla

La carta de Le Fournil lo dice como con pudor, como sin convicción, pero descubrimos que venden un pan calentito con mantequilla que es una delicia. Deberían avisarle a la gente que pide el «Petit» Desayuno que las tartines baguette con mantequilla equivalen a un pan de campo grande y crujiente untado con mantequilla al punto de mojar la miga. No será marraqueta, pero está perfecto.

Sánguches peruanos en Santiago de Chile

No hace falta ir al Tanta del Parque Arauco para encontrar sánguches peruanos en suelo santiaguino. Así como puede visitar el Majestic, ir a un concierto en el teatro Casino Las Vegas (actualmente Teletón) o asistir a una empingorotada boda religiosa en la iglesia de Santa Ana, en las mismas coordenadas puede encontrar la sanguchería peruana Donde Guido (para que no diga que es «lejos«). Nadie dice que el Tanta y nuestra sanguchería deban competir en la misma división, pero sí es fácil  suponer que tributan a una misma tradición.

Influidos, quizás, por lo que hemos escuchado del mismo Gastón Acurio, escogimos el sanguchito de Pavo. Cortes abundantes, gruesos y bien adobados de pavo van a la plancha, se depositan sobre una hoja completa de lechuga escarola y varias rodajas de tomate, para luego cubrirse con la imponente salsa criolla que es mucho más que un batido o ungüento cualquiera. A continuación el maestro le preguntará qué salsa quiere, pero ojo que en este caso «salsa» quiere decir, aproximadamente, lo que un chileno entiende por tal. Yo pedí la de ají amarillo, pero el maestro esperaba que le dijera también mayonesa, la de rocoto quizás, o la tártara o la salsa golf. ¿Confuso? Lo que importa es que la sazón es diferente, e incluso con ingredientes comprados en Chile es una novedad ante nuestras papilas gustativas.

Nota aparte merece el pan utilizado. Se trata de una marraqueta chilena cualquiera que acoge sin complejo alguno, sin asomos de nacionalismo o de torpes identidades esta preparación. El resultado es mestizo y sabe a gloria: amigos peruanos, traigan sus sánguches a Chile y serán bien recibidos.

Donde Guido está en Rosas 1290, esquina Teatinos.

El Tío Manolo 2, Av Santa Isabel

Imagínese lo siguiente: tiene más hambre que un completo y menos que un churrasco. Va de pasada. Es un momento sin voz en off, sin música de fondo, sin glamur. No hay lecciones, tampoco hay iluminaciones.

Lo único es que hace hambre.

El Tío Manolo de Marathon tiene una sucursal no oficial (quién sabrá el detalle, la pequeña historia) que cuadra con ese deseo cotidiano y esa hambre mundana y sencilla. Abundante sin ser cuantiosa. Importante sin ser solemne. Rico como el maxi-kiosko original, quizás menos perfecto. En todo caso más central (y la ubicación de la picada importa tanto).

Entonces nos detuvimos y pedimos el As Italiano que resulta lógico pedir. Completo no, hamburguesa tampoco. Un buen As, con tomate, buena palta y harta mayo (bastante salada, refrigerada, casera). Lo interesante de la sucursal no está en la cocina (no agrega nada al original, sino que lo replica) sino en las mejores acomodaciones. Y sobre la mesa, junto con el trío dorado de ketchup-mostaza-ají, un Chancho en Piedra ejemplar. Un mini altar pagano en que se ha sacrificado el tomate, la cebolla y el cilantro a algún dios local que no se espanta si en vez de machacar ingredientes (el chancho en piedra estándar) le ofrecen pebre. Lo que importa, lo que realmente cuenta, es que un As con ese pebre mejora y uno no quiere que se acabe.

Arrollado huaso en la Fuente Chilena

No estoy seguro si la gran demanda que enfrenta la Fuente Chilena -admirable que un solo local logre resucitar un espacio muerto y lúgubre como el Omnium- le ha permitido mantener la calidad de las fricandelas. Creo que los mimos y la preocupación por la cocción pueden quedar en segundo plano cuando hay una fila de gente esperando y las comandas se amontonan. La consagración es así.

Por eso, evitando el riesgo y ampliando el espectro de preparaciones, nos decidimos por el Arrollado Huaso.

Se trata de un fiambre criollo -semejante a la malaya- envuelto en una capa grasosa que previamente ha sido adobado en (al menos) vinagre, orégano, ají y ajo, guardando un aroma intenso y bastante complejo. Una sola mordida no permite hacerse la idea completa del sabor.

Al servirlo tibio, es posible comerse la envoltura de grasa sin que ello se transforme en una experiencia difícil para el mañoso. Pero el buen grado de cocción facilita sacarla y evitarse un debate que -innecesariamente- ahuyenta a la gente de tan sabrosa receta.

El arrollado venía completo: chucrut, salsa verde, tomate y mayonesa. En el fondo, se trata de arroparlo en texturas blandas y crujientes, de manera que la carne fibrosa y adobada brille con luz propia. La mayonesa sirve al propósito de hacer del sánguche un bocado suave, húmedo y contundente.

Si vamos a elogiar el empeño de este estupendo local, que sea por su voluntad de incluir estas recetas cuya popularidad sólo debería aumentar.

Ficha

26/03/10

Fuente Chilena, con M., C. y P.

Arrollado Huaso completo, schop de 500 cc